FANDOM



Me he cansado de cerrar los ojos.

Me he cansado de esperar.

Mañana muchos maldecirán mi nombre.

Alto Árbitro Arkeid

Arkeid, el Árbitro del Ángel, es uno de los mayores poderes sobre la faz de Gaia, así como una pieza vital de la estructura de poder de la Alianza Azur.

Escondiendo al mundo su propia naturaleza inhumana, combina sus increíbles habilidades de combate con un talento único para invocar seres luminosos. Su poder como Árbitro es tal que puede incluso alterar la realidad, generando aperturas en el espacio que le permite controlar la posición de todo cuanto la rodea.

Apariencia

Poco se sabe sobre la apariencia real del Árbitro Arkeid, pues el anonimato es parte intrínseca de su posición. En sus apariciones públicas porta su característica armadura celeste.

Personalidad

Akaiel detesta la guerra en todas sus formas, rechazando completamente cualquier derramamiento de sangre que considere innecesario. Sin embargo, también ha demostrado sobradamente ser un general de indiscutible eficacia, acatando de forma fría y equilibrada las órdenes de sus superiores. Se siente incapaz de perdonar al Imperio por las atrocidades que este realizó en Remo, siguiendo al Arconte Supremo bajo la convicción de que es el hombre que acabará definitivamente con las guerras.

Historia

La guerra ha marcado la existencia de Akaiel desde que vino al mundo hace dos siglos y medio. Es hija de Angelus Ul Del Uranus, el cuarto Ángel Caído, aunque ella misma desconoce este hecho. Se separó de sus padres biológicos durante un conflicto entre Samael y la Inquisición cuando apenas se sostenía de pie. Afortunadamente, fue recogida por Paolo Abatti, un joven y prometedor capitán del ejército imperial que la cuidó como si fuera hija suya. Con el objetivo de ocultar la naturaleza de Akaiel, su padre biológico solicitó continuos traslados a diversos emplazamientos militares de Gaïa, por lo que la niña se crió entre soldados de todas las partes del mundo. Eso, sumado a las clases de autodefensa que le impartían, hizo que a muy temprana edad Akaiel sintiera un enorme interés por la vida castrense. Según Abatti, los soldados existían para proteger a la gente que no era capaz de defenderse por sí sola, una idea que llenó de orgullo e ilusión a la pequeña; juró que al hacerse mayor seguiría los pasos de su padre y se convertiría en una persona de la que se pudiera sentir orgulloso.

Mientras, el gran potencial de Abatti fue percibido por los señores de la Guerra, que le ofrecieron la posibilidad de convertirse en Árbitro. Pensando que esa posición le permitiría proteger mejor a Akaiel, aceptó la oferta y tomó el título de Ipos.

Por irónico que resulte, en un extraño giro del destino moriría años después en un enfrentamiento con Angelus Ul Del Uranus, el verdadero padre de la joven, quien ignoraba por completo lo que el Árbitro había hecho por su hija.

Triste, si bien más decidida que nunca a seguir adelante con su sueño, Akaiel entró en el ejército con un nuevo nombre, el primero de los muchos que usaría desde entonces. Lo curioso fue que, incluso tratando de contener sus habilidades para no destacar en exceso, cada una de las identidades de Akaiel siempre alcanzaba un alto grado de reconocimiento por parte de los Señores de la Guerra o del propio Emperador. Y es que, por mucho que intentase no sobresalir, su talento militar, su genialidad en la lucha y el poder natural que corría por su sangre eran difícilmente ocultables. Durante el siglo que estuvo al servicio de Abel tuvo que rechazar en dos ocasiones (Y con dos personas distintas) el ofrecimiento de convertirse en Árbitro, pues eso implicaría revelar su naturaleza racial a sus señores. Ya que por aquel entonces empezó a aborrecer los conflictos. Si incluso siguiendo las estrictas normas imperiales las guerras conllevaban tanta destrucción y muerte, no quería ni siquiera pensar lo que podrían ser sin ellas.

Por suerte, aún faltaba mucho para que lo descubriera.

Años más tarde, durante su última identidad (en la que respondía al nombre de Isabella) conoció a Mehirim, un Árbitro que la tomó a su cargo fascinado por su manera de ser y de pensar. Mehirim era un hombre excéntrico y ocurrente, siempre con una historia o anécdota divertida que contar. Su falta de seriedad y simpatía fueron poco a poco haciendo mella en la fría y firma “Isabella”, hasta que la Sylvain descubrió un día que, sin darse cuenta siquiera, se había enamorado perdidamente de él. El miedo a desvelar su verdadera naturaleza le impidió confesarle lo que sentía, más afortunadamente fue el propio Mehirim quien admitió que la amaba; desde el principio, nada más conocerla, se había percatado de que no era humana, lo que era intrascendente para él. Días más tarde se casaron en secreto y, por primera vez en toda su vida desde que perdió a su padre, Akaiel fue completamente feliz.

Tras veinte años de dicha, la pareja acabó al servicio de Matthew Gaul poco antes de que el Emperador cayera bajo la influencia de Eljared. Pese a tener sus diferencias con el inusual Señor de la Guerra, ambos estuvieron de acuerdo con su decisión de no tomar parte en los ataque de Remo, aunque acudieron en secreto a observar lo que estaba ocurriendo allí. Al descubrir las masacres que el Imperio realizaba, tanto Akaiel como Mehirim fueron incapaces de permanecer con los brazos cruzados y trataron de detener las fuerzas de Abel, Cuando las palabras fallaron y los ejércitos de Elías se disponían a arrasar la ciudad de Caliardo, tomaron la difícil decisión de detenerlos,aunque tuvieran que hacerlo los dos solos. Sinceramente, no tenían expectativas de ganar; ni todo su poder serviría contra más de cien mil soldados al mando de tres Árbitros, pero al menos esperaban dar tiempo suficiente para que la ciudad fuera evacuada.

Aguantaron una hora, más de lo que nadie hubiera imaginado jamás.

Mehirim perdió la vida en la contienda mientras que Akaiel, fatalmente herida, fue sepultada bajo una tonelada de escombros. Más muerta que viva, tardó casi un día entero en cavar un hueco entre las ruinas y, cuando salió a la superficie, lo que vio fue una ciudad devastadas y cientos de miles de cadáveres. Con el cuerpo destrozado y el espíritu quebrado, caminó entre los muertos durante horas hasta que no pudo permanecer más tiempo consciente. Al abrir los ojos, con apenas un hálito de vida en ella, se encontró cada a cara con el doctor Schwarzwald mirándola interesado. El demente investigador, el mayor experto de Logias Perdidas del mundo, quería saber por qué estaba viva, que sentimiento hizo posible que aguantase tanto. Febril y creyendo que estaba en un sueño, Akaiel contestó que no lo sabía pero que, si había algo que sentía en ese momento, era odio. No hacia sus enemigos, ni hacia la gente, sino hacia el propio concepto de la guerra. Schwarzwald, sin dar crédito a lo que oía, empezó a temblar de enfermiza emoción y le preguntó si deseaba algo por encima de todo. Akaiel rió y respondió que sólo quería una cosa: tener la capacidad de acabar con las guerras algún día. De crear un futuro sin ellas.

-Así sea. Servirás como una de las llaves del nuevo mundo -Fue la ecléctica respuesta del profesor.

Fuese como fuese, la arrancó de las garras de la muerte y alteró su cuerpo como únicamente él era capaz de hacerlo. Un mes más tarde Akariel se despertó junto al yelmo del difunto Mehirim. Sin saber si todo había sido un sueño no, tomó el casco de su esposo y se dirigió hasta Togarini, donde se encontró en secreto con Gaul. Este le habló de sus planes, ofreciéndole un lugar a su lado en la nueva Gaïa que iba a crear. Akaiel aceptó ponerse a su servicio, dando nacimiento al Árbitro Arkeid, el Ángel. Desde entonces sirve al Arconte Supremo con una eficacia absoluta, respondiendo a sus órdenes con una fría compostura militar. Eligió esa posición no sólo porque no podía perdonar a Abel, sino porque sentía que alguien como él era necesario para acabar definitivamente con las guerras.

Arkeid comanda la fortaleza de Dedo de Hierro aunque, al igual que Álastor, esta es únicamente su atribución oficial. En realidad está al mando de un grupo de agentes que tienen el cometido de encontrar un arma de leyenda de Sólomon que daría a Azur el poder definitivo. La Sylvain está decidida a hacerse con ella a cualquier coste, puesto que eso le permitiría acabar con la guerra que amenaza al mundo incluso antes de que empezara.

El tiempo dirá si ese es el extraño destino que la existencia tiene reservado para ella o hay oculto mucho más...

Poderes y habilidades

Si los poderes de Arkeid ya eran considerablemente elevados antes de convertirse en Árbitro, tras recibir las alteraciones de Schwarzwald es una de las mayores potencias que caminan por el mundo del hombre. Aún se desconoce exactamente lo que el psicótico doctor hizo con ella, pues nadie puede entender muy bien el funcionamiento de su mente enfermiza, pero sin duda hay algo especial en el interior de la Sylvain que aún no ha despertado. De cualquier forma, lo cierto es que los cambios introducidos en su cuerpo incrementaron enormemente sus poderes innatos, haciendo de ella alguien a temer incluso entre los Árbitros. Por herencia de sangre es una convocadora excepcionalmente dotada y su capacidad de alterar la realidad en combate es magistral (comparable casi a la del propio Gaul); es incluso capaz de generar bucles en el espacio que le permiten intercambiar la posición de las personas.

Notas y curiosidades

  • Las modificaciones del doctor son modificaciones de atributos e implantes personales tipo modificador innatural de ACT, pilas de zeon o reacción incrementada.
  • Entre sus ajustes se incluyen un bono de +20 a Convocar, siendo esta la única habilidad de convocatoria que domina.
  • Usa tanto Invocaciones como criaturas, aunque estas últimas no siempre le sirven. Debido a ello, Arkeid siempre intenta conjurar seres afines a su naturaleza.

Bibliografía

  • Anima Tactics
  • Griffith
El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.