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No es que disfrute matando.

Es que, viendo el mundo a través de una mira telescópica, las personas sólo parecen blancos.

Cordelia

La baronesa Rosalind es, muy probablemente, la mejor francotiradora de Gaïa. Ella misma ignora el alcance de sus habilidades, o por qué le resulta tan fácil trabajar con armas de tecnología arcana, pero su puntería es simplemente inhumana.

Apariencia

La Baronesa Cordelia es una mujer de belleza sobrecogedora. Su perfecta fisionomía se encuentra enfundada normalmente en vestidos de la más alta gama.

Personalidad

Cordelia ansía la emoción del peligro por encima de todo lo demás. Aunque ha recibido una de las mayores educaciones de Gaia, Cordelia sigue siendo una mujer que anhela sentir como la adrenalina se apodera de su sangre. Cuando empuña un arma, el Aria se convierte en una asesina sin par.

Historia

Un viejo proverbio de Gabriel afirma que no hay ciudad más grandiosa que Chaville, paraje más hermoso que los Grandes Lagos y nada más peligroso que una Diva con un objetivo. Pero el dicho se equivoca. Una Diva aburrida es mil veces más peligrosa.

La baronesa Cordelia Roslind es el mayor ejemplo de esa gran verdad.

Desde pequeña, la señorita Roslind fue criada con gran cuidado. Demasiado, para la inquieta muchacha, que prefería perderse por los bosques o jugar a los duelos de pistola antes que asistir a clases de canto, baile o dicción. Pese a todo, sus cuidadoras lograron “enderezarla” como pudieron y, en su decimocuarto cumpleaños, ingresó en la Academia de Astria como toda una señorita, preparada para convertirse en Diva; una mujer perfecta creada para seducir, engañar y controlar a los hombres. El arma política definitiva de Gabriel.  

Cordelia pronto destacó en todas las materias, especialmente en el arte del subterfugio y el espionaje, donde no tuvo igual. Años después, una vez concluida su educación, empezó a colaborar en los esfuerzos diplomáticos de su familia. Realizó muchos viajes con fines políticos, lo que siempre implicaba tener que relacionarse con nobles y burgueses de otras naciones. Naturalmente, todas sus tareas de Diva las realizaba con total perfección, si bien su corazón no estaba en ellas. Este aún corría por los bosques, aún jugaba con pistolas de mecha y disfrutaba con emociones mucho más vivas. Pronto, la agobiaron las maniobras políticas, las maquinaciones y las alianzas. El tedio gobernaba la vida de la joven y lo único que la mantenía alegre era viajar y ver nuevos parajes, que en su imaginación dibujaba como lugares emocionantes que explorar y en los que vivir verdaderas aventuras.

Fue uno de esos viajes el que cambió su vida. Había sido enviada a Lucrecio para ayudar en las negociaciones de algo relacionado con la creación de un vehículo aéreo. Era el primer trabajo que emprendía con entusiasmo desde hacía mucho tiempo: la idea de viajar por el cielo la cautivó desde el principio. En realidad, su verdadera misión era lograr infiltrarse en los laboratorios y robar los planos del aparato. Sin embargo, durante la recepción se cruzó con la única persona cuyo semblante fue incapaz de leer: el príncipe Lucanor Giovanni. Misteriosamente, el extraño hombre le dedicó una agradable sonrisa que no sabría interpretar hasta horas después.

Aquella misma noche, Cordelia abandonó la fiesta y se infiltró en las profundidades de la mansión en busca de los documentos. La seguridad de aquel lugar superaba, de lejos, cualquier cosa con la que se hubiera topado en su vida. Solo una suerte desmedida unida a su increíble talento le permitieron llegar hasta el hangar. Cuál sería su sorpresa cuando lo que encontró allí no fue únicamente cuatro aparatos ya terminados, sino al propio Lucanor esperándola mientras tomaba algo de té.

—Nada mal… No está nada mal —comentó su enigmático interlocutor—. Has logrado llegar… como era de esperar de alguien por cuyas venas corre la Sangre de Sólomon.

Por primera vez en su vida Cordelia no supo qué decir.

Como si fuera capaz de mirar dentro de su alma, Lucanor se le acercó susurrándole que alguien así no había nacido para malgastarse en aburrida diplomacia. Le aseguró que, si trabajaba con él, estaba a su lado, volvería a sentir aquella emoción que había perdido cuando era niña. Eso fue todo lo que Cordelia necesitó.

Desde la noche en la que se puso al servicio de Lucanor, Cordelia ha mantenido una doble vida. Aparentemente sigue siendo la misma Diva de antes, pero ahora manipula los acontecimientos según le dicta Wissenschaft y no Gabriel. Para ella es muy emocionante lograrlo sin que nadie, ni siquiera su familia, sospeche. Las misiones que realmente la apasionan son aquellas que le permiten salir directamente al campo de batalla y medirse con los más variopintos enemigos.

Y así es como Cordelia Rosalind tiene, al fin, una vida emocionante.

Poderes y habilidades

La baronesa de Rosalind es, muy probablemente, la mejor francotiradora de toda Gaia. Ella misma ignora el alcance de sus habilidades, ni por qué le resulta tan fácil trabajar con armas de tecnología arcana, más su puntería es simplemente inhumana. En realidad, ello se debe a que por sus venas corre la Sangre antigua de Sólomon, que perteneció a la división de combate del propio emperador Andromalius, lo que ha potenciado sus sentidos a niveles imposibles. Para darle uso a esta habilidad el propio Lucanor ha diseñado un cañón tecnomágico de combate capaz de disparar formidables descargas de energía sobrenatural. Además, combina esa potencia de fuego con un sistema de camuflaje termo-óptico que le permite ocultar su posición de todo aquel que no esté próximo a ella.

Bibliografía

  • Anima Tactics
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