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He mirado al corazón de las tinieblas... Y ahí solo había esperanza.
Elienai

A lo largo de la historia de la Iglesia de Abel han existido muchos individuos que han ayudado al mundo en las horas más oscuras. No obstante, entre los centenares de Santos y Altos Inquisidores, de los Sumos Arzobispos y altos dignatarios eclesiásticos, nunca ha habido una fuerza positiva mayor que Elienai, la más grande de las Santas de la Iglesia. Se dice que hace cuatrocientos años ella y su hermana Harael lo sacrificaron todo para evitar que Gaïa cayese en un abismo de tinieblas. Por supuesto, actualmente su leyenda no es más que un simple mito del pasado, el cuento de alguien que falleció siglos atrás.

Sin embargo, su verdadera historia está oculta tras las arenas del tiempo…

Apariencia

A pesar de su longeva existencia, el cuerpo de Elienai conserva el mismo aspecto que poseía cuando tenía veintiocho años. De cabellos azules y tez rosada, la forma original de la Santa posee dos imponentes pares de alas blancas a su espalda.

Cuando materializa su avatar, el cabello de Elienai adquiere una tonalidad verdosa, al mismo tiempo que sus alas desaparecen, adquiriendo una apariencia más mundana.

Historia

Pese a su enorme fama, Elienai y Harael Grimoire son dos de las figuras más misteriosas de la Iglesia de Abel. Poco es lo que se sabe de ellas antes de su santificación, ya que el Consejo de Cardenales nunca ha dado información precisa al respecto. De hecho, no se conoce nada de sus orígenes salvo que fueron descubiertas por el joven Elijah Giovanni, por aquel entonces heredero al trono imperial, durante uno de sus viajes. De lo que nadie está al corriente en realidad es que Elijah las encontró en los restos de unas instalaciones del Imperio de Sólomon, en el interior de una máquina de considerables proporciones que cayó de los cielos. Al despertar, las dos hermanas únicamente eran capaces de recordar sus nombres; habían olvidado su vida anterior o por que estaban en aquel artefacto.

Las jóvenes, que aparentaban no más de dieciocho años, poseían extrañas capacidades tanto a nivel físico como espiritual, siendo la más destacable su capacidad para prever el futuro. Elijah pasó algún tiempo con ellas y no tardó en entablar una relación romántica con Elienai, de quien había quedado fascinado por su personalidad y belleza. Con su influencia como futuro emperador hizo que la Iglesia las reconociera como Santas y se sirvió continuamente de su ayuda y consejo. Pronto, la labor de las hermanas fue ampliamente conocida, pues ambas se dedicaron por completo a los demás.

Nadie ponía en duda que fueran verdaderas enviadas del cielo.

Años después, antes de desaparecer en misteriosas circunstancias, Harael crearía una de las profecías más terribles de cuantas han existido jamás; aseguró que en un futuro surgirían veintiún seres que presagiarían el fin del mundo. Perturbada por esta revelación y la marcha de su hermana, Elienai trató de encontrar a Harael por todos los medios, así como identificar a las entidades de las que esta habló en su profecía. Por desgracia, fue incapaz de lograr ninguna de las dos cosas, mas en su búsqueda sintió que algo impío estaba llegando al mundo. Fue así como, junto a Elijah y los mejores miembros del Imperio y la Iglesia, dio comienzo la que sería una de las muchas guerras secretas que asolarían Gaïa en las sombras.

Tras varios meses de conflictos contra todo tipo de entidades tenebrosas, Elienai pudo identificar a su enemigo como un portal viviente al Infierno, una criatura nacida de la involuntaria unión de millones de demonios y los restos de varios dioses muertos.

Baal. El mal en estado puro.

Percibiendo que su manifestación final estaba cerca, Elienai y Elijah avanzaron hasta las entrañas de La Vigilia para detenerle. Una vez cara a cara con la entidad, la Santa sintió que la vida de su amante estaba en peligro. Haciendo acopio de todo su poder, se interpuso entre ambos y le protegió con su cuerpo mientras el futuro emperador destruía la forma física del ser. El combate había terminado, si bien el precio de la victoria había sido mayor de lo que Elijah hubiera deseado.

El daño recibido por Elienai superaba con creces sus capacidades regenerativas y su cuerpo, roto y ensangrentado, fue trasladado de inmediato al corazón de Albidion. Lamentablemente, ni los mejores médicos o santos de Gaïa tuvieron poder suficiente para salvarla. Fue entonces cuando el futuro emperador, negándose a perderla, la conectó a un sistema de soporte vital basado en las Logias de Sólomon, esperando encontrar con el paso del tiempo un modo de ayudarla. Los días se volvieron semanas, las semanas años y los años décadas, mientras el cuerpo de Elienai seguía yaciendo en las profundidades de la ciudad sagrada. Y más de setenta años después se obró lo que podría considerarse un milagro.

Una parte de ella despertó.

Incluso en coma, el poder que poseía le permitió proyectar una imagen onírica de sí misma, un reflejo de su alma con el que comunicarse. Al principio los altos cargos de la Iglesia tomaron la aparición con sumo escepticismo, pero el propio emperador, ya por aquel un anciano, confirmó su identidad. Aunque sólo fuera parcialmente, Elienai había regresado. Elijah Giovanni y el Sumo Arzobispo crearon un edicto secreto mediante el cual la Santa recuperó su puesto de consejera y vidente de la Iglesia. Sin embargo sus apariciones tenían una duración limitada, pues la proyección espiritual consumía una gran cantidad de su energía vital. Por ello, la presencia de Elienai sólo se requeriría en momentos de trascendencia y gran necesidad; siempre que Gaïa la necesitase estaría allí para protegerla, tal y como le prometería a Elijah, su único amor, antes de que este muriese.

Durante la Cuarta Guerra en la Sombra, la Santa trató de entrar en contacto con Ergo Mundus, pensando que podría poner fin al conflicto si conseguía negociar con la entidad. Por desgracia, el Monstruo Definitivo reafirmó sus intenciones, forzando a Elienai a diseñar una trampa que acabaría con la forma física del Mensajero, forzándolo a existir en un libro para ser usado como arma por la Inquisición.

Aún hoy, siglos más tarde, el cuerpo de Elienai se encuentra en animación suspendida, combatiendo continuamente contra sus heridas mortales. Para ella no ha pasado el tiempo y se mantiene hermosa como cuando tenía veintiocho años. Un grupo de Inquisidores de élite y los mejores sistemas de seguridad la protegen de cualquier peligro en todo momento, asegurándose de que nadie pueda hacerle daño mientras es vulnerable.

Su existencia es uno de los secretos mejor guardados de la Iglesia. Sólo el Consejo de Cardenales y unos cuantos Santos y Altos Inquisidores selectamente elegidos la conocen. Los Arzobispos se han servido de su poder generación tras generación para tratar de evitar que los peores males se ciernan sobre el mundo. Su voz es respetada en los altos círculos de poder y ni siquiera el Décimo Tercer Cardenal se ha atrevido nunca a desatender sus consejos.

La Gran Santa ha permanecido aletargada durante los últimos cincuenta años; un periodo tan largo que hizo a muchos temer lo peor. Sin embargo, durante los acontecimientos que se dieron a conocer como la Ruptura de los Cielos, Elienai se manifestó terriblemente conmocionada, como si acabase de despertar de una terrible pesadilla que incluso ella era incapaz de recordar.

Presa de una sensación de desasosiego como no había tenido jamás, por primera vez en siglos Elienai ha decidido intervenir personalmente en el destino del mundo. De algún modo, todos sus sentidos le dicen que algo verdaderamente aterrador se aproxima, un acontecimiento cien veces peor de lo que haya vivido el mundo desde la Guerra de Dios. Incapaz de determinar exactamente qué es lo que está pasando, su alcance, o las repercusiones que tendrá, ha solicitado al Consejo de Cardenales que pongan a su cargo a un grupo de Altos Inquisidores y agentes eclesiásticos, con los que tratará de detener los signos del mal que se avecina.

Sus preocupaciones no fueron infundadas. Tras los eventos que tienen lugar en Arcane, en los que tanto la Portadora como Ergo Mundus impidieron el despertar del Mensajero Definitivo, la propia Magna Santa ha mostrado su desacuerdo con las acciones del Sumo Inquisidor, advirtiéndole que, si vuelve a actuar del mismo modo, será ella misma quien lo detenga.

Poderes y habilidades

Cuando fueron encontradas por Elijah, tanto Harael como su hermana poseían capacidades descomunales: Se recuperaban de cualquier herida en segundos, eran capaces de ver en el interior de las almas e incluso creaban milagros con su mera presencia. Pero su mayor don era prever con absoluta seguridad acontecimientos venideros, como si sus ojos fueran capaces de ver fragmentos del futuro con cristalina claridad.

La forma espiritual de Elienai posee meramente un fragmento de su verdadero poder, pero aún así goza de capacidades inconcebibles para los mortales. Pese a que no tiene potencial combativo alguno, sigue conservando la habilidad de percibir las cambiantes hebras del destino y alterarlo a voluntad. De ese modo fuerza cualquier resultado que ella desee, creando “milagros” como si fuera una especie de arcángel o semidios. Cercana como se encuentra al más allá, también es capaz de poseer otros cuerpos si la situación lo requiere, o incluso adentrarse en el umbral del nexo de almas para evitar que alguien caiga en su interior. Esta última habilidad conlleva un enorme riesgo y la usa en ocasiones excepcionales, pues corre el peligro de quedarse atrapada dentro si lo usa demasiado.

Notas y curiosidades

  • Durante la Guerra contra Baal blandió el Legislador Kalah, perteneciente al apóstol Joshua de Zed.
  • Ergo Mundus respeta a la Santa, considerándola la principal artífice de su derrota (Aunque el prefiere considerarlo "Empate técnico"). Al mismo tiempo, la Santa siente cierto afecto hacia Ergo, considerándolo un "niño grande" que aun tiene que aprender a canalizar sus poderes por el bien de Gaia.
  • Tanto ella como Harael son dos de las Damas Mayores de Imperium, Protodeus creados mediante el Anima de Dioses Creadores. Debido a su relación con un miembro de la estirpe Giovanni, Imperium fue incapaz de recuperarla, permitiendo que siguiera actuando sobre la superficie de Gaia.
  • Fue una de las creadoras de los sellos que mantienen el sello sobre Baal, la Puerta del Infierno. De hecho, su sangre es necesaria para poder traer al Mensajero de vuelta al mundo.
  • Sus dos guardaespaldas son Nero y Xavier Vargas, hijos del anterior Sumo Inquisidor. Curiosamente, ambos han empezado a desarrollar sentimientos afectivos por la Santa.

Bibliografía

  • Anima: Gate of Memories
  • Gaia 2: Más allá del Espejo
  • Anima Tactics
  • Prometheus Exxet
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