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He liberado las tinieblas en el mundo.

Es mi pecado.

Mi responsabilidad.

Y aunque me cueste la vida, corregiré mis actos.

Kujaku Hime

Tradición y deber. Honor y expiación. Todos esos principios entran en conflicto en la princesa Kujaku Asakura. En solo unos meses la joven ha pasado de ser uno de los miembros más importantes de su clan a convertirse en una fugitiva renegada perseguida por todas las grandes familias de Lannet.[1][2]

Historia

Segunda hija de Katsumi Asakura, regente del clan Asakura hasta que el joven Tatsuya alcance la mayoría de edad, la princesa Kujaku es famosa en todo Lannet por su belleza y habilidad con la espada. Desde su más tierna infancia siempre fue una chiquilla decidida, con un enorme amor por la aventura y lo desconocido. Kujaku tenía una necesidad natural de ayudar a la gente, pues su afinidad hacia el mundo espiritual le permitía hablar con los espíritus… y no sabía cómo decir que no a lo que le pedían. Siendo una simple adolescente, ella y su guardián Takanosuke protagonizaron decenas de incidentes explorando parajes atados a mitos y fábulas. Pero de entre todos los lugares que visitó, siempre hubo uno en concreto que despertó especialmente su interés; el Santuario de Akuchi, del que la joven oía extrañas voces susurrantes.

El tiempo pasó y al cumplir los veintidós años Kujaku recibió la orden de casarse con un importante noble de la familia Imperial. Aunque no se sintió precisamente feliz por la noticia, aceptó de buena gana la decisión de su madre y se preparó para cambiar de estilo de vida. Sin embargo, antes de la ceremonia decidió cometer por primera vez una locura desobedeciendo el tabú de entrar en el Santuario de Akuchi. Era la única manera de despedirse de su antiguo yo y de Takanosuke, que hasta entonces siempre había estado a su lado.

En el interior, la princesa empezó a sentir un frío desgarrador y su atención se pose en una enorme nodachi de apariencia extraña. Sin comprender el motivo, como si su cuerpo estuviera guiado por algo mayor a ella, Kujaku recogió la espada y la desenvainó, desencadenando inconscientemente un terror de inconmensurables proporciones.

Acababa de sellar no sólo su destino, sino también el del mundo entero.

Envuelto en coros demenciales y llantos, una inmensa sombra en forma de serpiente surgió de las profundidades del templo reventándolo todo. De no haber sido por Takanosuke, que cubrió a la princesa con su cuerpo, la propia Kujaku habría muerto arrollada por aquella ola de tinieblas. Y fue entonces, mientras sostenía la espada en sus manos, cuando la verdad de lo que estaba pasando quedó clara para ella.

Akuchi era simplemente una prisión donde dormía una de las nueve cabezas de Orochi, el Aeon Oscuro que el emperador Amaterasu no Mikoto desmembró y selló en la antigüedad con las tres armas sagradas. La entidad, consciente de nuevo pero con una minúscula fracción de su divino poder, se dispondría a buscar y liberar sus otras partes hasta que la sombra de Orochi se volviera a cernir sobre Gaïa. La afinidad de Kujaku a los espíritus sólo había sido una conexión que el Aeon usó en su provecho.

Con lágrimas inundando sus ojos por su necedad, la princesa levantó la espada, que no era otra que el filo celestial Kusanagi no Tsurugi, dispuesta a enmendar su error con la vida. La novena cabeza se lanzó sobre ella pero, aún débil, solo consiguió infectar la sangre de Kujaku con su veneno. Comprendiendo que no era el momento apropiado para enfrentarse al poder de la espada que podía sellarla, prefirió rehuir el combate, escapando en pos de sus otras partes. Agotada, Kujaku cayó de rodillas, jurando que no permitiría que nadie pagara por lo que ella había hecho. Sabía que se había establecido un vínculo entre ella y Kusnagari no Tsurgi, el único objeto que tenía una oportunidad de acabar con Orochi. Segura de que su familia no le permitiría corregir su error, al despertar tomó la difícil decisión de perseguir al Aeon, sabiendo que eso representaba ser marcada como una traidora a los ojos de su clan.

Pronto sintió que la sombra de Orochi había cruzado el océano en dirección a Phaion, lo que le facilitaría mucho las cosas al no tener que permanecer en Lannet. Durante el viaje descubrió que su familia había enviado a varios perseguidores tras su pista, el primero de los cuales resultó ser su antiguo guardián Takanosuke. El joven ninja desoyó las órdenes del clan y, en vez de enfrentarse a ella, se unió a su búsqueda.

De momento, Kujaku se encuentra tras la pista de almas fuertes, ya que son la base de energía espiritual que persigue Orochi. Por ello no duda en colaborar con personas dotadas de capacidades especiales, esperando así obtener un cebo que pueda atraer hasta ella al Aeon Oscuro.

Poderes y Habilidades

Como luchadora Kujaku resulta un portento. Pese a su condición de mujer, como es tradicional en la nobleza de la familia Asakura recibió un intenso entrenamiento con la espada, lo que la convirtió en la mejor doncella samurai de los Asakura. Es una experta en el uso del Ki, así como en muchas técnicas de combate. Además, ahora porta la espada celestial Kusanagi no Tsurugi, un arma de poder sin igual capaz de ignorar cualquier protección o armadura. Desgraciadamente, la maldición de la sangre venenosa de Orochi se extiende por su cuerpo más y más, causándole un desgarrador dolor que cada vez le resulta menos fácil de soportar.

Bibliografía

  1. Anima Tactics
  2. Dramatis Personae
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